El Islam político en las repúblicas de Asia Central. Estudio de caso : Kazajstán, Kirguistán y Uzbekistán
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Resumen
El colapso de la URSS en el año 1991 trajo consigo amplios interrogantes en relación a los territorios de Asia Central, pues, tras más de siete décadas sometidos al yugo soviético, debían iniciar un proceso de creación de cinco nuevos Estados independientes entre sí: Kazajstán, Kirguistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán.
Los líderes de estas nuevo cinco repúblicas, ante el vacío ideológico que había dejado el comunismo, se esforzaron por forjar un sentimiento de pertenencia e identidad nacional que permitiera aglutinar a los distintos grupos étnicos que convivían dentro de sus fronteras. Para ello, optaron por la implantación de Estados seculares, a la vez que buscaron destacar la tradicional cultura musulmana que había nutrido históricamente a la gran mayoría de la población, máxime cuando la misma había sido coartada durante todo el periodo de dominación soviética.
Pero esta estrategia política, perpetrada desde la independencia, ha hecho que el islam se haya convertido, a la vez, en una fuente de oposición y de legitimación de la élite política, lo cual es resultado directo de políticas contradictorias sobre el tratamiento que ha de darse al islam a nivel estatal. Consecuentemente, han proliferado en el tejido social dos sectores claramente diferenciados en lo que a la posición del islam en la vida pública se refiere. Por un lado, se ha visto el nacimiento de grupos salafistas radicales, descontentos por el carácter no confesional del Estado, que se han manifestado de forma violenta y cuyo verdadero objetivo es el establecimiento de un Estado islámico. Por otro, poco a poco han ido surgiendo corrientes islamo-demócratas, inspiradas por partidos políticos del mismo corte en otros Estados predominantemente musulmanes, que promueven un islam político moderado en armonía con los gobiernos en el poder. En cualquier caso, el autoritarismo propio de los mandatarios centroasiáticos impide que ambas fuentes de oposición tengan hoy en día verdadera capacidad de influencia; a la vez que la grave situación económica y social empuja cada vez más a la población a simpatizar con este tipo de ideologías, que, precisamente, conciben al islam como un aspecto trascendental de la moral centroasiática.
The collapse of the Soviet Union in 1991 brought many questions regarding Central Asian territories, as after being under Soviet domination for seven decades, they had to initiate a nation-building process of five independent states: Kazakhstan, Kyrgyzstan, Tajikistan, Turkmenistan and Uzbekistan.
Leaders of these new five republics decided, because of the ideological vacuum left behind by communism, to create a feeling of belonging and identification to the nation so as to bring together the different ethnic groups that cohabited within their borders. In order to achieve that goal, they were determined to establish secular states. At the same time, they sought to highlight the traditional Muslim cultural identity of the great majority of the population, as it had been restricted during the period of Soviet domination.
But this political strategy fostered since independence has made Islam both a source of opposition and legitimation of the political elite, which is a direct result of contradictory policies regarding the treatment that must be given to Islam at the state level. Consequently, two clearly-divided sectors were born in the social sphere with concern to the position that Islam must have in public life. On the one hand, radical Salafist groups have proliferated, as they were discontent with the non-confessional character of the nation. They have acted violently in the public sphere, and their true aim is the establishment of an Islamic state. On the other hand, islamo-democrat groups have emerged, inspired by some political parties with similar ideas in other predominantly-Muslim states. They promote a moderate political Islam as a complement of the authorities in power. Any case, the authoritarian attitude of Central-Asian leaders impedes this opposition to have real influence. Also, the rampant economic and social situation pushes more and more people towards these ideologies which conceive Islam as a key aspect of Central-Asian morality.
