Efectos políticos de los medios de comunicación en la anexión rusa de Crimea y Sebastopol
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Resumen
Desde la disolución de la URSS, el destino de la flota del Mar Negro y su base principal, el puerto y la ciudad de Sebastopol, han sido, en gran medida, el centro de las relaciones entre Rusia y Ucrania.
El día 16 de marzo de 2014, tras los referéndums impuestos en Crimea y en Sebastopol, la península y la ciudad pasan a formar parte de la Federación de Rusia. Un movimiento legítimo, constitucional y acorde con el derecho internacional para los medios rusos, pero totalmente inaceptable para los gobiernos y medios de Occidente, que denuncian la ilegal adhesión rusa y no reconocen la independencia de la Republica de Crimea. Se trata, por tanto, de unos únicos acontecimientos históricos, narrados desde dos perspectivas políticas opuestas, y, en consecuencia, legitimando dos posturas políticas diferentes.
Además, la postura del gobierno de Putin de tensión con Occidente por la amenaza de expansión de la OTAN (Ambrosio & Vandrovec, 2013) justificaría la legitimidad de Moscú como encargado de preservar el orden en los países vecinos: Crimea, Sebastopol y el este de Ucrania. De esta manera, Rusia proyecta en su discurso político a Occidente como una “amenaza” y asunto de su agenda política. De la misma manera que Occidente proyecta a la Federación de Rusia en su discurso: se defiende la integridad territorial de Ucrania y un orden internacional salvaguardado por unas normas y valores.
La proyección de los hechos por los medios, que actúan como actores políticos al transmitir el mensaje político de los respectivos gobiernos (Krutikova, Freire, & Santos, 2019) y al moldear la opinión pública, contribuye a la polarización de las agendas políticas de Rusia y Occidente.
Since the dissolution of the USSR, the fate of the Black Sea Fleet and its main base, the port and city of Sevastopol, have largely been at the center of Russian-Ukrainian relations.
On 16 March 2014, following the referendums imposed in Crimea and Sevastopol, the peninsula and the city became part of the Russian Federation. A legitimate, constitutional move in accordance with international law for the Russian media, but totally unacceptable for Western governments and media, which denounce the illegal Russian accession and do not recognise the independence of the Republic of Crimea. The same events, with two opposing political narratives, and consequently two different political positions.
Moreover, Putin's discourse on NATO expansion is aimed at justifying Moscow's legitimacy as the one in charge of preserving order in neighbouring countries: Crimea, Sevastopol and eastern Ukraine. In this way, Russia projects the West in its political discourse as a 'threat' and an issue on its political agenda. In the same way that the West projects the Russian Federation in its discourse: Ukraine's territorial integrity and an international order safeguarded by norms and values are defended.
The media's projection of the facts, which act as political actors in shaping public opinion, and consequently the political agenda, is polarised. Just as this political debate between Russia and the West is increasingly polarised.
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